Hoy ha venido Marcos, el primo de Ana, a nuestra casa. Tiene 8 años.
Cuando he llegado, estaba jugando con más niños y niñas en el patio del residencial. Le he preguntado a Ana que si su primo conocía a esos niños de antes y me ha dicho que creía que no. Han jugado al escondite, a polis y cacos y a risas.
A la hora de la comida, Ana lo ha llamado para que subiera y ha empezado decir que quería quedarse jugando. Al rato, ha tenido que ir a llamarlo otra vez.
Nos hemos sentado los tres a comer (bueno, Ana y yo sí estábamos sentadas. Marcos creo que no ha llegado a apoyarse totalmente en la silla en ningún momento). Había espaguetis que nos cocinaron especialmente anoche. Espaguetis con langostinos, cocidos previamente en caldo de marisco. “¿Eso qué es? ¿Pollo?” me ha preguntado. “No, son gambas. ¿Te gustan?” “Mmmm no”. Me ha ido poniendo todos los trozos que encontraba en mi plato. No sin antes haberle echado él kétchup a su plato despreocupadamente mientras decía “si termino rápido me puedo bajar a jugar”.
Ana le ha explicado cómo era mejor comerse los espaguetis. Yo le he dicho que daba igual. Quería ver cómo es divertido comer y yo ya no puedo porque no es lo adecuado. Teníais que haber visto el mantel al final. Creo que tiró fuera más de los que comió.
En ese momento, lo que estuviéramos viendo ha ido a publicidad y ha salido un anuncio de una crema. De pronto dice “¡Pues qué bien. No me interesa!” “¿Quieres ver los dibujos?” le he preguntado. “Mmmm sí” “¿Dónde hay ahora?” “En Clan y en Boing”. He buscado ClanTv y estaban los Baby Loony Tunes. Marcos me ha puesto cara de estosdibujossonparamáspequeños y me ha quitado el mando para cambiar a Boing.
Después, como me ha dicho que sí quería fruta, le he pelado dos mandarinas y con los gajos le he hecho caballitos. Como no se daba cuenta se lo he dicho. “¿Pero por qué me haces caballitos?” “No sé, mi madre me los hacía cuando yo era pequeña” “¡Ah! Pero entonces no son caballitos, son pajaritos”. Mientras, veíamos los dibujos, le he preguntado que si ya no ponían dibujos antiguos como Oliver y Benji. Me ha dicho que ahora ponen unos también de fútbol que le gustan mucho, “Inazuma Eleven”, pero que están más chulos porque tienen técnicas como “tornado de fuego” o “el muro”. “¿Es que ya no juegan al fútbol normal?” he pensado.
Después de comer, Marcos se ha ido y le hemos dicho que puede venir cuando quiera a jugar. Al rato, dos niños con un balón han venido a preguntar por él. No les ha hecho gracia que les dijera que ya se había ido a su casa.
Y cuento esto porque hoy ha parecido que Marcos me llevaba a la época de la foto. Me ha hecho acordarme de la belleza y sencillez de lo espontáneo.
***
Esta tarde, después de una conversación, me ha venido una cuestión a la cabeza. Si encontrárais el cuaderno sóloescriboestoparami de alguien, ¿lo leeríais? Yo creo que, en la mayoría de los casos, leer eso no sería lo peor para el dueño, sino para el que lo lee. Porque en esos cuadernos se escriben cosas de uno mismo que los demás no necesitan saber. Que no deben saber. Porque si alguna vez fuimos algo para el resto, ese algo se caería al vacío en el momento de la lectura.
Sólo hay un caso aceptable de lectura; el caso en el que leer éso ayude al escritor.
2 comentarios:
Jo, cómo molaba cuando éramos pequeños y nos acercábamos de manera espontánea a un grupo de niños en el parque y les decíamos: puedo jugar? queréis ser mis amigos? o algo así, y todos tan contentos...
qué mono Marcos...Yo todavía mancho el mantel cuando como espaguetis...
Por eso me encantan los niños, tienen ese halo especial, de sencillez y espontaneidad como dices ;)
Me encantaría trabajar con peques, porque no sé.. tengo como un instinto protector hacia ellos, son tan bondadosos y naturales que no me gustaría que les pasase nada malo, que se convirtiesen en algo que no deberían ser.
Sobre el último párrafo, hombre... para el dueño sería horrible que descubriesen sus secretos, pero también es cierto que cuando sabes más de la cuenta sobre alguien te puede dejar descolocado y pueden cambiar mucho las cosas...
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