No hay más cartas, de momento

pero sí otras (muchas) cosas.

Tener la certeza de que lo que supone y significa algo para ti no lo significa para nadie más. Que otra persona (quieres creer) te aporte a ti algo que no pueda aportar a nadie más. How delightful is that.
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Entiendo que  una cosa es mirar al pasado con simple nostalgia; así como echando un ojo a algún momento o periodo que fue anecdótico, lo que, por cierto, creo que está muy bien. Y otra cosa muy distinta es mirar al pasado y desear casi de forma desesperada que vuelva. O volver a él. Que ya no está tan bien porque le hace preguntarse a uno qué está haciendo con su vida para querer volver al antes. Antes sí, not now. Qué peligro hay ahí. 
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Que levante la mano quien, de vez en cuando, tiene la necesidad imperiosa de, por ejemplo, escuchar una canción porque si no, se moriría. Pero que luego, mientras la escucha, parece que está a punto de colapsar porque le sobrepasa. Extended ese ejemplo a muchas otras cosas. 
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Y luego está este tío que dice que su música “pretty much means nothing except for what it means to you. Whatever it means to you, that’s what it means.” Lo que me parece a mí que es ser muy generoso.

All you bitches put your hands in the air and wave them like you just don't care

Escaleras e ilusiones

Había allí una escalera con escalones de esos que parecen hacer fácil la subida. Ascendía hasta una ilusión. Resulta que, en un principio, esa ilusión solo pertenecía a un dueño, a mí. Ésta no tenía adornos de ningún tipo, casi me atrevería a decir que era lo más ajustada a la realidad posible. Y tampoco tenía intención alguna de llevarla más allá, porque era una de esas ilusiones que, al no concluir en el mundo de la realidad, me daba la posibilidad de imaginar el mejor de los finales.

Lo que pasó después fue que, sin darme cuenta, poco a poco, todos se fueron haciendo partícipes de ella. La ilusión, cada vez, parecía ser menos ilusión, a pesar de que había algo que me avisaba de que, si daba un paso hacia lo real, lo más posible es que esa ilusión (la mía) no tuviera el final (esta vez, real) que yo había imaginado.
Y así fue que, escuchando a los demás y no a mí misma, de pronto vi cómo muchos iban detrás de mí casi empujándome por esa escalinata ascendente, riendo y animándome, hacia la ilusión. Hasta que llegué al último escalón. Pero, en el momento, cuando llamé a la ilusión, ni siquiera se dio la vuelta hacia mí. Cuando fui consciente de que era incapaz de enfrentarme, me giré en busca de los que me habían ayudado a subir. Para mi desgracia, comprobé cómo a mi espalda ya no había nadie. Todos los que me habían alentado no estaban. Pero tampoco había ya escalinata por la que poder volver. Miré, y solo había un vacío. Pensé entonces que esa (ilusión antes) y decepción (después) no tenía cura. Entendí que tenía que volver yo sola y que el único modo era saltando hacia la nada. Salté. Me recobraría de un modo u otro. Por último, tras enfadarme, me di cuenta de que la única manera de aceptarlo era volviendo a la ilusión primitiva, a la que nadie hubiera adornado, a la mía.
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Hoy es un día más o menos importante para gente que conozco, un día que implica, en mayor o menor medida, un cambio. Unos cumplen años, otros se despiden de sus amigos por una temporada y, los más valientes, inician el resto de su nueva vida. Justo la que todos los demás deseamos e incluso envidiamos, porque es su vida, la que ellos mismos diseñan y la que son capaces de cumplir. A estos últimos yo les desearía buena suerte, pero es que no la van a necesitar.

Espejos y Abismos

Esta mañana he leído en El País que Diego Latorre, ex jugador del Boca y el Tenerife, dijo una vez que los entrenadores, por orgullo, son muy reacios a modificar los hábitos que les han brindado prestigio y seguridad profesional. Lo dijo poéticamente: "No rompen nunca el espejo". Supongo yo que esa idea podrá extenderse y no sólo aplicarse a los entrenadores.
Pues bien, yo soy más de romper espejos muy a menudo. Porque entiendo que, en el que me estoy mirando, no me gusta el reflejo. Pero no parece que eso funcione.

Y luego está lo que dice @LuisValenciano sobre los abismos. El abismo de cada uno. Yo creo conocer el mío, o al menos uno de los míos. Últimamente entro mucho en él. Al principio me cuesta, pero luego me voy adaptando. Y cuando salgo, salgo más fuerte. Pero no salgo con una solución. Lo que, en conclusión, no sé si es bueno o malo. Y pregunto; ¿puede ser que haya algo en ese abismo que te atraiga y te llame?

Divenire


Mientras escucho Divenire de Ludovico Einaudi, cierro los ojos y evoco momentos de mi vida. También corrijo aquellos que tendrían que haber sido de otro modo. De paso,  aprovecho y me invento otros que, por lo que yo entiendo que era justo, deberían haber tenido lugar.  
Divenire significa convertirse, llegar a ser…
Parad ocho minutos y haced algo parecido. Cuando abráis los ojos, respirad hondo. 

Quosque tandem

Hay un círculo ahí. En el que quieres entrar y no sabes cómo. La desesperación por estar en algún sitio. Por estar ahí. En ese círculo. No saber qué hacer. Intentar ser más e intentar ser menos. Porque con lo justo no se llega. Y siempre tarde o antes del momento. El caso es ir a contratiempo, de todo y de todos. Estar con lo justo cuando nadie y nada te atiende. Pensar qué decir con tanto cuidado y detalle para darte cuenta de que, no sólo llegas tarde, sino que cualquier cosa valía. Resulta que todo valía. Quosque tandem. ¿Hasta cuándo?

La belleza y sencillez de lo espontáneo


Hoy ha venido Marcos, el primo de Ana, a nuestra casa. Tiene 8 años.
Cuando he llegado, estaba jugando con más niños y niñas en el patio del residencial. Le he preguntado a Ana que si su primo conocía a esos niños de antes y me ha dicho que creía que no. Han jugado al escondite, a polis y cacos y a risas.
A la hora de la comida, Ana lo ha llamado para que subiera y ha empezado decir que quería quedarse jugando. Al rato, ha tenido que ir a llamarlo otra vez.
Nos hemos sentado los tres a comer (bueno, Ana y yo sí estábamos sentadas. Marcos creo que no ha llegado a apoyarse totalmente en la silla en ningún momento). Había espaguetis que nos cocinaron especialmente anoche. Espaguetis con langostinos, cocidos previamente en caldo de marisco. “¿Eso qué es? ¿Pollo?” me ha preguntado. “No, son gambas. ¿Te gustan?” “Mmmm no”. Me ha ido poniendo todos los trozos que encontraba en mi plato. No sin antes haberle echado él kétchup a su plato despreocupadamente mientras decía “si termino rápido me puedo bajar a jugar”.
Ana le ha explicado cómo era mejor comerse los espaguetis. Yo le he dicho que daba igual. Quería ver cómo es divertido comer y yo ya no puedo porque no es lo adecuado. Teníais que haber visto el mantel al final. Creo que tiró fuera más de los que comió. 
En ese momento, lo que estuviéramos viendo ha ido a publicidad y ha salido un anuncio de una crema. De pronto dice “¡Pues qué bien. No me interesa!” “¿Quieres ver los dibujos?” le he preguntado. “Mmmm sí” “¿Dónde hay ahora?” “En Clan y en Boing”. He buscado ClanTv y estaban los Baby Loony Tunes. Marcos me ha puesto cara de estosdibujossonparamáspequeños y me ha quitado el mando para cambiar a Boing.
Después, como me ha dicho que sí quería fruta, le he pelado dos mandarinas y con los gajos le he hecho caballitos. Como no se daba cuenta se lo he dicho. “¿Pero por qué me haces caballitos?” “No sé, mi madre me los hacía cuando yo era pequeña” “¡Ah! Pero entonces no son caballitos, son pajaritos”. Mientras, veíamos los dibujos, le he preguntado que si ya no ponían dibujos antiguos como Oliver y Benji.  Me ha dicho que ahora ponen unos también de fútbol que le gustan mucho, “Inazuma Eleven”, pero que están más chulos porque tienen técnicas como “tornado de fuego” o “el muro”. “¿Es que ya no juegan al fútbol normal?” he pensado.

 
Después de comer,  Marcos se ha ido y le hemos dicho que puede venir cuando quiera a jugar. Al rato, dos niños con un balón han venido a preguntar por él. No les ha hecho gracia que les dijera que ya se había ido a su casa.

Y cuento esto porque hoy ha parecido que Marcos me llevaba a la época de la foto. Me ha hecho acordarme de la belleza y sencillez de lo espontáneo.   



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Esta tarde, después de una conversación, me ha venido una cuestión a la cabeza. Si encontrárais el cuaderno sóloescriboestoparami de alguien, ¿lo leeríais? Yo creo que, en la mayoría de los casos, leer eso no sería lo peor para el dueño, sino para el que lo lee. Porque en esos cuadernos se escriben cosas de uno mismo que los demás no necesitan saber. Que no deben saber. Porque si alguna vez fuimos algo para el resto, ese algo se caería al vacío en el momento de la lectura.
Sólo hay un caso aceptable de lectura; el caso en el que leer éso ayude al escritor.

Año nuevo. Mismas cosas.

Todo lo que a mí se me ocurre ya está inventado. O alguien lo ha dicho. O alguien lo ha pensado. Y lo que más me jode: alguien ya lo ha hecho. Busco algo único. Algo. Lo que sea. 

Resulta que alguien pinta y dibuja muy bien. Otro hace magníficas fotografías. Fijaos en este, ¡cómo canta! Silencio que va a hablar aquel, ¡ni el mismísimo Cicerón! ¿Qué me decís de este otro? Escribe con el alma. 

Parece que todo el mundo tiene algo. Su algo. Y la mayoría no lo tuvo de buenas a primeras. Supongo yo que se esforzarían y con empeño. ¿Y qué pasa cuando uno no conoce su algo? Eso deja a la persona en un atasco. Un atasco que da miedo. 

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¿Sinceramente? Pongo en negrita algunas palabras porque me dijeron que, para que la lectura sea más atrayente, tiene que tener esas palabras que digan “vamos, fíjate en esto que expresa muchísimo”. Pero joder, la mayoría de las veces ni yo sé lo que significa eso. 

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Últimamente, aquí ya no evito los “joder” y su familia semántica. Porque ahora entiendo que eso no quiere decir hablar (escribir) mejor o bien. 

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Iba a empezar el año aquí hablando de mi lista de objetivos para este año, que es lo que mucha gente hace. Pero es la misma que la del año pasado y no la encuentro. Se me pierden de vista los objetivos.